Juegos habituales de los chicos de antaño eran el del balero y del yo-yo. Actualmente, si bien no son totalmente desconocidos para las nuevas generaciones, casi no se juega con ellos.
Los dos juegos son individuales y no se practicaban todo el año, sino por temporadas
Jugando con el balero
No vale la pena describir que es un balero. ya que creo que no se lo desconoce. En nuestra época los mejores y más caros eran los oscuros, brillosos y de madera dura y, los más económicos, livianos y rústicos , de pino u otra madera barata.
Generalmente, se le colocaba una tacha de cabeza redondeada, en la punta del palito y otras alrededor del agujero de la bocha, con el objeto de facilitar el deslizamiento y lograr el emboque. Las tachas eran involuntariamente provistas por el arnés del caballo de algún lechero distraído y, en mi caso, por la tapicería de mi padre.
En oportunidades, aunque no era habitual ya que el balero se conservaba de un año al otro, se podía reemplazar la bocha por una latita de conserva, pero el diámetro exagerado del agujero le quitaba mérito al emboque.
Se comenzaba generalmente por el emboque simple, la vertical, la doble, la puñalada, pasando luego a las figuras de creciente dificultad: la vuelta al mundo, la porteña, las catorce provincias, soltando el palo y retomándolo en el aire. etc.
El yo-yo
También, en los años de nuestra niñez, el yo-yo como la mayoría de los juguetes, eran de madera. No se hacían de plástico ni tenían luces o música como algunos posteriores. Los más pesados, con un buen hilo anudado al dedo mayor, facilitaban el lucimiento del jugador.
Nunca me destaqué en el juego, mis habilidades llegaban a recogerlo en la palma de la mano luego de arrojarlo y, en un día más inspirado, hacer el “perrito”. Pero las figuras posibles de hacer con él sólo tienen como límite la habilidad del jugador.
Un buen yo-yo debe reunir algunas cualidades: bien balanceado, ranura correctamente calibrada y tener buena “respuesta”, que es la manera de comportarse cuando está girando en el extremo del hilo; un pequeño tirón debe ser suficiente para que vuelva a la palma de la mano.
Si mi memoria no me falla (lo que sucede más a menudo de lo que deseo), por los años 60/70, con el auspicio de Coca Cola, se hicieron concursos de yo-yo que hicieron furor entre los niños y los jóvenes.
Fue notable la yoyomanía de ese momento y demuestra que es un juego atrapante, que sólo necesita un poco de promoción, en una sociedad en la que, desgraciadamente, la publicidad determina nuestros gustos y necesidades.