Las bolitas
Era juego habitual el de las bolitas. Jugábamos, en la tierra que hay alrededor de los árboles de la calle Plaza, que tenía menos tránsito que Triunvirato, al “hoyo y quema”. Para ganar una bolita era necesario “quemarla”, o sea pegarle con la nuestra, además de entrar en el hoyo que hacíamos en la tierra.
Si antes de tirar veíamos que una pajita o algo que dificultaba el tiro, podíamos pedir “limpia” y se sacaba el obstáculo, aunque si el rival se adelantaba con un “sucia” no podíamos hacerlo.
Una variación del juego es el “círculo”, adentro del cual cada jugador colocaba bolitas y desde poco más de un metro tratábamos de pegarle a alguna. Si lo conseguíamos y las dos bolitas salían del círculo la ganábamos y podíamos seguir tirando.
Si la nuestra salía del círculo pero no impactaba ninguna o la impactada quedaba en él, perdíamos el tiro y finalmente, si nuestra bolita quedaba dentro del círculo teníamos que colocar en él otra como pago Se terminaba el juego cuando no quedaban bolitas dentro del círculo.
Las denominábamos de diferentes maneras. Recuerdo algunos de esos nombres, como ojito de gato las chiquitas, bolones las grandes, cachuzas las cascadas y lecheras las con fondo blanco.
Se podía tirar con la mano alzada, para “quemar” la bolita adversaria, o mano baja para acercarse al hoyo; “de uñita” los que las impulsaban con la uña del pulgar (como yo, que al finalizar el día la tenía gastada) o los que jugaban mejor utilizaban la falange (de “huesito”).
Hoyo-pelota
Algunas veces también jugábamos al "hoyo-pelota", para lo cual se necesitaban algunos participantes y una pelota de trapo. Cada jugador tenía un tiro para embocar la pelota en un hoyo en la tierra.
Cuando alguien lo conseguía, los demás corrían para ponerse a salvo de un pelotazo que él podía arrojarle. Aquel que era alcanzado por la pelota quedaba "marcado" y a las tres "marcas" era "fusilado" con la pelota por los demás participantes.