Debo reconocer que nací en una época muy especial. Conocí los días más esplendorosos de la radio, y también formé parte del público que conoció los albores de la televisión, cuando todos creíamos que además de entretener, iba a ser un medio de cultura para el pueblo. Pero esa es otra historia.
Mi mamá era "radio adicta". Desde la mañana temprano "se prendía" de la radio y no se apartaba de escucharla hasta la hora de dormir. Y como consecuencia, yo también la escuchaba.
Son muchos los programas que recuerdo, pero voy a ser lo más sintética posible para recordarlos a casi todos.
A la mañana oíamos el famoso "aquí está su pedido", en Radio Libertad. Me sentaba con mi sillita de asiento de paja al lado del receptor, y luego de las dedicatorias "De Juanita a Pedro, en el día de su cumpleaños..." me deleitaba con las canciones de Juan Arbizu, Leo Marini, Gregorio Barrios y muchísimos más cuyos nombres no tengo presente ahora.
Hasta aprendía las letras y también las cantaba, y mi mamá, aplicando la sicología infantil de la época, después de un rato de aguantarme me decía: "dejame escuchar, callate, con esa voz de pito".
Hacia el mediodía, el tono de la trasmisión cambiaba. No sé exactamente si todos los programas que voy a recordar fueron de la misma época, pero estaban cerca.
A esa hora había varios. Uno era "El relámpago. La entrada del mismo decía: "y de vuelta nuevamente a la alegre redacción...". Luego había otro que el eslogan de presentación era "No diga hola...diga ¡Olavina!" en referencia a un aceite que si mal no recuerdo promovía una especie de concurso.
Y por fin escuchábamos mientras almorzábamos "¡Que pareja Rinsoberbia!", con los inolvidables Blanquita Santos y Héctor Mazelli, con libretos de Abel Santa Cruz. Este programa perduró en el aire muchos años, y durante todos ellos volvíamos corriendo de la escuela para no perderlo.
Por la tarde había que dormir un rato la siesta, para levantarse apuradas, no sea cosa que se perdiera un instante del "radioteatro Lux, el jabón de las estrellas" Donde voces como la de Oscar Casco (Mamarrachito mío) Hilda Bernard, Celia Juárez, Eduardo Rudy, Fernando Siro y otros despegaban por un rato a nuestras madres, tías y abuelas de la diaria y rutinaria lucha.
Tengo que hacer una mención especial a los programas infantiles de la tardecita. No recuerdo haber escuchado muchos, porque a la tarde eran "todos programas para varones" y. como les digo cuando hablo de "la mancha", las cuestiones del género eran muy estrictas,y parafraseando a nuestro Borges, "cometí el peor de los pecados": le mentía a mi mamá. ¿Porque? Porque con la excusa de ir a hacer los deberes a la casa de una amiga que vivía al lado, su mamá era más amplia de criterio, escuchaba con ella a "Tarzán" con César Llanos y Oscar Rovito "Tarzanito" y "Poncho negro" cuya presentación era más o menos así: "Aquí llega Poncho negro, el vaquero más valiente y más audaz, Con Calunga, el compañero..." en una imitación (me parece) del Llanero Solitario de los americanos del norte.
Por fin. programas clásicos como "El Glostora Tango club" con la orquesta de Alfredo de Angelis, con Carlos Dante y Julio Martel. Allí estaba yo de nuevo escuchando y aprendiendo de memoria temas como "la Pastora" "Remembranzas" etc. Hubo muchas orquestas que pasaron por ese tradicional programa. No los puedo nombrar a todos, porque la lista es interminable.
En aquel tiempo se podía ir a la radio a presenciar los programas, y los pude ver "en vivo", porque a mi papá le gustaba mucho ver a sus artistas favoritos, como "Héctor y su jazz, con el coro de Fanny Day"
Y hasta tuve el privilegio, ya preadolescente, de presenciar en un programa de Andy Russel, la presentación en público de "un muchacho cordobés que va hacer carrera en el mundo de la música melódica: Roberto Yanés"
Sé que esto es muy largo, pero no puedo dejar de mencionar a algunos de los íconos radiales de la época: Los Pérez García (quien no los escuchó y compartió sus problemas), Niní Marshall, Luis Sandrini, Los cinco Grandes del Buen Humor, Tita Merello y muchos otros que nos hicieron la vida más liviana con sus programas.
Lamentablemente, también en nuestra radio hubo horas de censura y ocultamiento. Entonces todo el mundo escuchaba radios del Uruguay, como Carve o Colonia, con Ariel Delgado y Walter Riera, cuyas voces eran muy semejantes, e informaban lo que aquí ocurría.
Por último voy a recordar al Sr. Antonio Barros, el "papá ventanero" un pionero en los teen-tops de los principios de la década del sesenta.
Si pudiera, desearía poder recordar en este ya extendido resumen a todos aquellos que nos acompañaron mientras hacíamos los deberes, estudiábamos o ayudábamos a nuestras madres en las tediosas tareas de la casa.
A todos ellos, un recuerdo de una oyente que sin querer aprendió muchas cosas, y aprovechó el tiempo por esa magia de la radio, que nos permitía hacer dos cosas a la vez. Con toda mi alma, va este recuerdo.