Mi disfraz de holandés
Tendría yo alrededor de cuatro años, y siendo el menor de cinco hermanos, con mucha diferencia de edad con respecto a la mía, era un poco el juguete de ellos, especialmente de las dos mujeres.
Y no sé quien tuvo la maldita idea de disfrazarme de holandés para carnavales, por aquellas insistentes propagandas que salían en los diarios y en la radio que decía:¡¡¡CASA LAMOTA... DONDE SE VISTE CARLOTA...!!! y donde se ofrecían disfraces de todo tipo y talle. Cuando vi lo que era el disfraz de holandés, a pesar de mi corta edad, me acordé (mal) de toda la familia de CARLOTA.
Consistía en una especie de bombachudo largo, una camisa o remera blanca, un chaleco corto negro y un sombrerito que mas se parecía a un fez turco que al de un holandés o al molde de flan invertido, y ..una pipa de madera... Y lo único que faltaba para completar ese cuadro eran ¡los zuecos!
Aunque yo era muy chico, ya me había mirado bastantes veces al espejo, y mi figura no era precisamente la de un niño rubio y de ojos celeste, así que no sé si por capricho o por no aceptar la combinación del disfraz con mi latina figura, me opuse terminantemente a ponérmelo.
Cuando querían incrustarme ese engendro, prefería esconderme en el gallinero que había en el fondo de mi casa, en Fraga y Chorroarín, (detrás de la cochería de Lemba) y aguantarme los picotazos de los gallitos pigmeos, que me odiaban cordialmente, a tener que disfrazarme.
Desgraciadamente, a pesar de mi resistencia, mis hermanas un par de veces lograron su objetivo, y después de muchos forcejeos, pudieron hacerme sacar una foto.
Hasta que un día tuve una brillante idea: Los zuecos estaban hechos en su base de madera, y la capellada estaba formada por dos piezas de un cuero muy duro, sin talón, que impedían siquiera dar un paso, y delante una punta levantada, teñidos de dorado. Como salida se me ocurrió pisarles la punta hasta que quedaron tan hundidas, que no hubo remedio para aquellos malditos.
A partir de ese día, se terminó el holandés, y disfruté de aquellos carnavales como correspondía.
Y ese fue mi debut y despedida del mundo de los disfraces.
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