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Héctor recuerda la herrería de su padre inv
 

herreria

 

Mi padre trabajando en su herrería, llevando una boina muy común en la época  
 
en argentino juniors
El fútbol fue una de sus pasiones. Aquí con la camiseta de Argentinos Juniors
 


La herrería de Máximo Gelmi

Como tantas historias del barrio de Villa Ortúzar, está la de la herrería de obras que funcionaba en la calle Plaza casi esquina Triunvirato, cuyo dueño era Máximo Celso Gelmi, mi padre.

La herrería estaba en un terreno de cien metros cuadrados, era con techo de chapas y  había distintos tipos de herramientas: livianas y pesadas, una fragua, un yunque donde se moldeaba el hierro y un mesón de madera dura sobre el que se armaban y soldaban las distintas piezas.

Se realizaban diferentes tipos de trabajos, la  mayoría artesanales, que todavía se pueden apreciar en algunas casas antiguas del barrio que tienen puertas y balcones decorados con rizos.

Mis abuelos paternos llegaron a la Argentina a fines del siglo diecinueve, como tantos otros inmigrantes que vinieron a esta bendita tierra para trabajar y tener un proyecto de vida mejor que en el de su suelo natal, Italia.

La lucha por la vida fue muy sacrificada. El trabajo era muy arduo, pero con mucho esfuerzo se fueron consolidando.

Mis abuelos tuvieron nueve hijos y tenían la vivienda propia al lado de la herrería.

Mi padre fue el más chico de todos los hermanos y comenzó con el trabajo de herrería desde que era muy joven, junto a su hermano Juan y a su padre don Lorenzo.

Con el tiempo quedó solo, pues ellos fallecieron.

Fue una persona muy sana, tanto de salud como de espíritu, que supo sobrellevar las vicisitudes de la vida con gran entereza y salió adelante con esfuerzo.

Cuando era jovencito le gustaba jugar al fútbol de número nueve, que en aquel entonces se decía centroforward. Con el tiempo fue progresando en ese deporte y entró al club Colegiales, donde tuvo una actuación destacada y por eso es que lo convencieron del club Argentinos Juniors para integrar sus filas. Como corría el año 1928, el fútbol era amateur, por lo que al mismo tiempo tenía que seguir trabajando en la herrería.

Con el fútbol tuvo muchas satisfacciones. Se hizo de numerosos amigos y salía en fotos de revistas de la época con comentarios y anécdotas que registraban algunos periodistas.

 Con orgullo escribo estos recuerdos que los considero como un homenaje a mi padre que con su esfuerzo contribuyó al crecimiento y progreso de Villa Ortúzar.

Con el mismo apego a este querido barrio, continuó desarrollándose mi vida en él, junto a mi querida familia.


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