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La esquina de Triunvirato y Heredia, por Norma inv
 
sanguchito
Otro es el "sanguchito" pero igual los esfuerzos para no "chorrearnos" con helado y la ganas de comerlo.
heladeria scannapieco
No es mi heladería, no está en mi barrio. Pero en Scannapieco algo me recuerda
la del Ñato, que ya no existe
 
saboreando
Cambiaron los gustos y la forma de saborearlo, pero no su predilección
entre los pequeños

 



La lechería del "Ñato"

Desde la farmacia, cruzando Heredia, estaba la verdulería de Santiago. Tengo pocos recuerdos de ese lugar. Sólo que estaba en la esquina, que Santiago era muy amable con su clientela y que me daba cuenta de que se aproximaban las fiestas de fin de año cuando se empezaba a oler el perfume de los duraznos, las ciruelas y el ananá.

Pero al lado del negocio de Santiago estaba la noble y bien ponderada Lechería del Ñato.

Era un local  completamente distinto al de la farmacia. No tenía el techo tan alto, era el clásico de la época: la puerta al centro, entre dos vidrieras no demasiado grandes.

Adentro, el negocio tenía forma de "L", la parte ancha era el mostrador y en verano la expendedora de helados, las paredes estaban azulejadas de blanco, y el costado mas largo estaba lleno de mesas y sillas.

En realidad, para los chicos solamente existía en la época estival. Pero según las malas lenguas del barrio, para la muchachada que le gustaba jugar a las cartas  funcionaba todo el año.

Cuando empezaba el verano  también empezaba el tormento para nuestros padres. El interminable ruego por los veinte centavos  que costaba un helado "sanguchito". En realidad el tormento era para nosotros, porque con suerte conseguíamos comer sólo dos helados durante toda la temporada de calor.

Pero cuando los conseguíamos...¡Que placer! Ya salíamos de casa saboreando con la imaginación alguna de las cuatro únicas cremas  que el Ñato expendía: Crema, chocolate, frutilla y limón. Era una suerte. No había que exprimirse el cerebro tratando de elegir entre los ciento treinta y cinco gustos de las heladerías de hoy. Crema, chocolate, frutilla y limón.

El Ñato, con su camisa blanca y su corbata de moño, hacia toda una ceremonia para servir el helado. Tomaba el aparatito para armar los "sanguchitos", colocaba una oblea rectangular, te preguntaba que gusto querías, colocaba el helado y por último otra tapa de oblea.¡ Y a disfrutar!

Claro, ese tipo de helado tenía un inconveniente: empezábamos a comerlo bien, pero con el calor y el deseo de hacerlo durar, llegábamos a casa con el helado chorreándonos hasta el codo...pero eso solamente era un detalle que no empañaba nuestra felicidad.

Creo que ningún sabor en la mejor heladería del mundo se podrá comparar a esos de nuestra infancia: crema, chocolate, frutilla y limón.


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