Las revistas
Estamos hablando de las publicaciones de aquella época. Un tiempo en que se compraban revistas hasta en el más humilde de los hogares. Debido a esto, quiero hacer antes de empezar a recordarlas, una especie de cuadro de situación.
Mis padres, cuando recién casados, vivieron en la casa de mis abuelos paternos, en la calle Tronador al 500, en el barrio de Villa Ortúzar, hasta que cumplí un año.
Y mi mamá, respetando las costumbres clásicas, no se llevaba bien con sus suegros ni con sus cuñados. Así que, respetando también el viejo dicho de que “El casado casa quiere”, en cuanto pudieron, pusieron pies en polvorosa y se mudaron.
Claro está, quiso la casualidad que la suegra de mi mamá era también mi abuela, y entonces mientras fui muy chiquita, mi papá me llevaba de vez en cuando para que me vieran mis tíos y abuelos.
Después de un tiempo, las cosas se suavizaron, y mamá me acompañaba todos los miércoles de visita. Luego, al empezar el primario, cuando tendría ocho o nueve años, ya iba sola a verlos, almorzaba allí y me quedaba toda la tarde. Aclaro, por las dudas, que mi casa estaba a cuatro cuadras de distancia.
Digo también que en esa época a los chicos nos desesperaba aprender a leer, porque nos dábamos cuenta que la lectura nos abriría un mundo maravilloso e interminable. Y más o menos en ese momento comenzaron…
Los días miércoles
Ya esa altura mi tía estaba casada, y vivía en la inmensa casa de los abuelos.
Era la clásica de los inmigrantes: jardín al frente, dividido por una escalera de cinco peldaños y un pasillo, estoy segura de que esa escalera se debía a la tradicional costumbre de hacer primero las casas y después el nivel del asfalto. Luego la muy conocida sucesión de habitaciones altísimas, sin ventanas pero puertas con postigos y banderolas, teniendo al frente el largo jardín repleto de calas. La cocina a continuación del jardín delantero, y bien al fondo el tradicional y helado baño, que no era baño, si no mas bien una letrina.
No crean que me estoy yendo del tema. Cuento todo esto porque en cada habitación de la familia se compraban diferentes revistas. Y aquí sí. que nos ponemos en autos. Recorreremos la vieja casa habitación por habitación y revista por revista.