Nostalgias de Villa Ortúzar
Hoy recorro tus calles, miro la gente abstraída en sus problemas caminar tus veredas, que ya no tienen vecinas en las puertas ni alegres purretes jugando.
Veo nuevas casas con grandes rejas resguardando las ventanas cerradas, y casas viejas, abiertas al aire y el sol, con frentes muchas veces encalados y pero sin flores, pues el jardín ya no existe.
Sin embargo me basta entrecerrar los ojos para volver a mi barrio, el Villa Ortúzar de mi niñez.
Y los recuerdos salen sin orden, a borbotones. Me veo persiguiendo mariposas por Triunvirato y a lo lejos, un tranvía anunciando su proximidad, con el ruido que denuncia años de noble servicio, la esquina testigo de nuestras charlas, la casa en que vivía que ya no existe, los baldíos donde remontábamos nuestros barriletes, tus estrellas, contempladas en el silencio de noches de estío con olor a jazmines y madreselvas, el buzón de la esquina de Holmberg y Triunvirato, donde poníamos palabras que ya no se escriben a quienes viven sólo en nuestros recuerdos....
Ya no hay calles de tierra con huellas pisadas por carros y se necesita el verde de los semáforos para organizar el tránsito de tus avenidas. No golpea las aldabas de tus casas el lechero, con su carrito fileteado, ni escucho los gritos otrora muy familiares, del vendedor de plumeros, el diarero o la música de un organillero repartiendo tarjetitas con augurios de felicidad.
Muchos de tus árboles, que lloraron en los días de lluvia de mi niñez, ya no están. Otros, todavía resistiendo, reflejan en su corteza que, también en ellos, el tiempo ha dejado su huella.
Los años oscurecen en mi memoria los nombres de muchos de mis amigos de antaño e ignoro dónde estarán, qué habrá sido de ellos… Pero aún permanece, vívida en mí, la alegría de los juegos infantiles, o las inocentes travesuras con ellos compartidas.
El barrio, con las formas y colores de mi niñez, ya no existe. Sólo vive en los recuerdos de aquellos que, como yo, lo añoramos.
Tal vez, nada mejor que cerrar estos recuerdos, con unas estrofas de un hermoso poema de Eladia Blázquez
Mi barrio fue una planta de jazmín,
la sombra de mi vieja en el jardín,
la dulce fiesta de las cosas más sencillas
y la paz en la gramilla de cara al sol.
Mi barrio fue mi gente que no está,
las cosas que ya nunca volverán,
si desde el día en que me fui
con la emoción y con la cruz,
¡yo sé que tengo el corazón mirando al sur!