Don Osvaldo Pugliese
Eran los años 60. Alvarez Thomas tenía, por entonces, doble mano y circulaba el trole bus 310, hoy línea de ómnibus 140, la línea 110, actualmente 168, la 203, ahora 93 y el colectivo 294, inexistente por estos años.
La tradicional joyería La Perla nos regalaba cada 15 minutos las sonoras campanadas de su enorme reloj colgante, y el Cine Gran Atlántico ni soñaba con convertirse en La City. Ya existía la pizzería La Mezzeta y la Librería Begega.
Casi todas las tardes, como vecino de cuadra, veía pasar con un andar lento y cansino, casi oculto y escondido detrás de sus gruesos anteojos, a un hombre de figura delgada y semi corvada.
Su vecindad era un termómetro del andar político, cuando la policía venía a detenerlo era porque algún golpe de estado estaba en curso de ejecución.
Su militancia comunista le mandaba parar a algún secreto lugar. ¿Que ideas tan terribles tendría para el País aquel hombre de apariencia tan frágil?
De a poco fui descubriendo que su idea-fuerza era inmensamente grandiosa y no me refiero a la ideología partidaria, sino a la que brotó de muchas páginas inolvidables como Recuerdos, La Yumba, La Beba y tantos otros.
Aquel hombre, de hablar poblado por tonos tímidos y lentos, se llamó y se llamará para siempre Osvaldo Pugliese, creador de muchos tangos que relatan la esencia porteña, creador de una maravillosa orquesta típica en la que se albergaron Alberto Morán, Jorge Maciel, Miguel Montero, Jorge Vidal...y tantos otros grandes.
Una placa distingue su casa de ayer en Alvarez Thomas al 1400, aquí, en Villa Ortúzar. Una placa que dice que allí vivió un Maestro, y su recuerdo está incorporado a toda esta Ciudad Porteña
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