Los zancos
Nos atraía jugar con ellos. Se necesitan solamente dos palos viejos de escobas, con dos maderas clavadas a unos 50 centímetros de la punta, que soportaran nuestro peso. Y con ayuda de las manos aferradas al otro extremo de los palos, caminábamos.
Debíamos ser cuidadosos para no pegarnos un porrazo al aprender a manejarlos, pero una vez desaparecido el miedo de caminar sin tocar el suelo con los pies, se adquiría muy rápidamente destreza. Luego, jugábamos carreras e íbamos aumentando las dificultades para evitar la monotonía.
Actualmente se utilizan en espectáculos circenses o de promoción de artículos y los zancos "voladores" o "saltadores" que estuvieron de moda, poco tienen que ver con los que nos divertíamos antaño.
Cachurra montó la burra
Era un juego en que los "gorditos", no demasiados requeridos en algunos otros como el fútbol, eran muy deseados..
Se dividían en dos grupos. Los integrantes de uno de ellos hacía la "burra". Para lo cual se colocan en fila, con las piernas estiradas, el tronco hacia adelante inclinado y tomando firmemente de la cintura al compañero de adelante, tratando de proteger su cabeza de probables golpes. El primero de la fila se aferraba lo más fuertemente posible a una pared (Plaza tenía muchas casas con frentes con buenos bordes para asirse) o era sostenido por un compañero.
Los integrantes del otro equipo, "Cachurra", de a uno en vez, saltaban sobre la burra y se sientan en ella, tratando de dejar lugar para el salto del próximo compañero y sin moverse de donde cayó.
Gana la burra si alguno de los adversarios toca el suelo, se cae o no tiene lugar donde caer al saltar.
Gana Cachurra si la burra no soporta el peso de los saltarines y se desarma. Para lograrlo era importante el "gordito" del grupo.
Se empata si no ocurre alguna de las dos cosas, y se reanuda el juego intercambiando los roles.
Rodar el aro
El juego consistía en hacer rodar un aro, normalmente de hierro o llantas de bicicletas o triciclos.
Se manejaba con un trozo de alambre rígido, con una de las puntas dobladas en forma de "u", como una horqueta para enganchar en ella el aro y empujándolo tangencialmente hacerlo rodar.
El ganador era quien lo llevaba más lejos sin que se cayera o, si así se convenía, recorrer en el menor tiempo una distancia.
Numerosos otros juegos gozaron de las preferencias de los niños de ayer, pero, tal vez, sería tedioso tratar de recordarlos todos.
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