Otros comercios de Heredia y Triunvirato
Para terminar con este nostálgico recorrido, les voy a recordar algunos de los muchos negocios que estaban cerca de la esquina de Heredia y Triunvirato
La ferretería "La Constancia" de don Casimiro Bruno, un hombre canoso y bonachón, que nos trataba cariñosamente cuando nos mandaban a comprar algo.(él se encargaba de arreglar los fieles calentadores Primus, el común denominador en casi todas las cocinas de la época).
La joyería de don Ropero (tenia ese apellido tan poderoso, y sin embargo era un hombrecito bajito y delgado) y la zapatería de Balián (no sé si es con v corta o b larga).
El almacén de don Jardón (honorable representante de las conocidas Bodegas La Superiora), la peluquería de mujeres de La Tona y el almacén de Don Cándido.
El taller de don Gigante (un caso parecido al de don Ropero) y la yuyería de Aldao.
El kiosco peluquería de don Elías (al hombre le faltaba una pierna, andaba con muletas, y en realidad le daban al negocio otro nombre), la fábrica de muebles de Salillas y la mueblería de Pisecki
La ferretería de don Martín Dorgambide (el local era chico, tenía cosas colgadas por todos lados y cuando le pedíamos algo que no estaba a la vista, desaparecía por una puertita que estaba detrás del mostrador y al rato traía lo que fuere que le hubiéramos pedido).
El taller de los hermanos Galazzo (todavía extraño los ruidos que se escuchaban cuando estaban trabajando), la tienda La Confianza y el kiosco de don Pepe
La marmolería de don Ravalli, padre de una chica amiga mía, uno de los pocos privilegiados que tenían auto, y llevaba a pasear a todos los chicos que cupieran en él...
Lala, la vainilladora y las cantinas que al mediodía emanaban casi siempre el aroma a guiso de arroz....
En fin, una multitud de negocitos que serían suficientes para armar un Shopping de la actualidad. Todos ellos estaban sobre tres o cuatro cuadras de la Avenida Triunvirato, eran totalmente familiares a los vecinos del barrio, un barrio de casas bajas, con aroma a jazmines y madreselvas, y la gigantesca magnolia de la yuyería. Barrio de gente buena, sencilla y sin complicaciones.
Después de tanto tiempo cierro los ojos y los veo y los escucho a todos. No importa el tiempo que pasó. Estarán siempre conmigo, una nena que vivió en el barrio de Villa Ortúzar toda su infancia.