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Carlos y sus recuerdos de Villa Ortúzar Inv
 

programas antiguos del cine atlántico

Programa del cine Gran Atlántico, cuando la entrada valía centavitos

carnaval

Mabel, dos amigas y yo (carnaval 1955)
 
sulkyciclo
con mi sulky por la calle Guevara al 1400
 


El barrio y el cine Atlántico

Mi querida Villa Ortúzar.... Cuánto te extraño y la cantidad de recuerdos que fluyen en mi mente!

Nací en Guevara 1415, mi hogar en 1947, mientras mi abuelo, Juan Botta, agrandaba la casa de Heredia 823 donde pasaría toda mi juventud hasta que me casé en 1972.

Eran tiempos tan lindos! Tiempos en que uno podía dejar la bicicleta en la puerta mientras corríamos al fondo a tomar algún refresco. Dejábamos las puertas abiertas y jamás se atreverían a entrar sin el "adelante, pase" del dueño de casa (en los tiempos que vivimos se llevarían hasta la puerta cancel)

De chico, todavía no había televisión, recuerdo que íbamos con mi prima Mabel al cine Atlántico, en Alvarez Thomas y 14 de Julio y pasábamos toda la tarde porque proyectaban tres películas.

Y al finalizar la segunda, casi siempre actuaba alguien, grupos de bailes y música folklórica o mini orquestas de tango. Al finalizar la tercera, ya cayendo la tarde, teníamos el gran ritual "la pizza de la Mezzetta", donde comíamos de parados dos de muza y una fugazza con una coca.¡Qué pizza! (gracias a Dios, hoy sigue en el mismo lugar y con tan rica pizza como la de antes)

Luego volvíamos por 14 de Julio, cruzábamos la plaza 25 de Agosto en diagonal para encarrilarnos por Heredia hasta nuestra casa, donde al llegar le teníamos que contar a nuestros padres el guión de las pelis, es más nos tenían que hacer callar.

En ese cine vimos a James Dean, Mabel se moría de amor por él, y a mí me impactó "Al compás del reloj" protagonizada por un rockero en sus comienzos, Bill Halley.

La gente, sobre todo los muchachos entre 18 y 20 años se ponían a bailar arriba de las butacas, me acuerdo que se armó un revuelo terrible con ese nuevo estilo musical, el Rock.

Era una época en que no había muchos autos, eso no permitía jugar a la pelota cortando la calle Guevara, que tenía asfalto y no nos lastimábamos tanto cuando nos caíamos al piso.

Ni que hablar de las hermosas famosas fogatas (fogaratas le decíamos) donde todos los chicos nos dedicábamos, al volver del colegio, a juntar ramas y apilarlas en las copas de los árboles  para el gran acontecimiento. Cuando llegaba el día de encenderla, recorríamos las carnicerías del barrio, Don José en Fraga y Estomba, el turco Abud en Heredia y Charlone o la de don Francisco en Guevara y Estomba a mitad de cuadra, y le pedíamos si nos regalaban algunos chorizos y morcillas para el evento.

Alguna tía o madre se encargaba de confeccionar algún muñeco que pondríamos en el palo mayor de la fogata representando a Juana de Arco en la hoguera, cuando pasaba el tiempo y ya iban quedando las cenizas, ahí era el preciso momento que poníamos todo lo recolectado en las carnicerías y algunas papas y batatas, todavía  a mis 62 años se me representa en mi gula, el sabor inigualable de tan rico manjar.

Veo en mis recuerdos a mi abuelo con la abuela, mis padres y mis tíos en la puerta de calle a la noche con sus sillitas charlando y comentando las cosas del momento (el precio del querosén, los árboles mitad pintados de cal por la polio y tal vez intercambiando opiniones de algún partido de Argentinos Juniors, cuando Pando o Callá hacían unos goles…)

Agrego que, estando en la puerta de calle a la noche, todos los vecinos se conocían y los grandes, sin que nadie se lo pidiera, vigilaban a los chicos, mientras dábamos vuelta a la manzana en bicicleta o jugábamos a las escondidas.

Amigos, tengo tantos recuerdos que me tomará tiempo plasmarlos en un escrito, los saludo y viva Villa Ortúzar.


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