Primera habitación(Rico Tipo y otras yerbas)
Después de almorzar, todos menos yo, se iban a dormir la siesta. Y era la oportunidad de ir a revolverle la mesita de luz a mi tío soltero, que volvía del trabajo un par de horas después.
La preferida del él era el Rico Tipo. En aquel tiempo sería casi pornográfica para mis curiosos ocho años, pero me divertía mucho leyendo los chistes de “El otro yo del Dr. Merengue” y “leche hervida”.
Cuando fui un poco mas grande ya me gustaba “Pichuca y yo”. Había muchas otras secciones, pero no las recuerdo. Y ya me estaba gustando la idea de que alguna vez me pudiera parecer a una chica Divito
Pero un día revolví un poco mas atrás la mesita de luz , y ¡Oh! Me encontré con una revista (o un programa que decía “Teatro Maipo”) donde estaban fotografiadas en blanco y negro las vedettes de entonces.
Esas descocadas tenían una malla muy ajustada que las cubría desde el escote hasta las caderas, y la parte de la retaguardia que se hubiera podido ver estaba totalmente tapada con plumas. Igualito a lo que los chicos de hoy ven en la tele a cualquier hora. Comparando, lo que las ceñía era casi un hábito de monasterio.
Había varias vedettes conocidas y de gran renombre en aquellos tiempos. Solo recuerdo el nombre y la imagen de Nélida Roca, que mostraba con la poca liberalidad de la época, sus larguísimas piernas, los hombros, el cuello y escote, y parte de los antebrazos, porque el resto de ella estaban cubiertos por la malla de mentas y unos hermosos y elegantes guantes largos. Y ese cuerpo era casi todo producto de la madre naturaleza, porque todavía no se habían descubierto las siliconas.
Y también vuelve a mi memoria, lo mal que me sentí después de ese momento, porque casi sin querer había transgredido la intimidad de mi tío
Segunda habitación
Era la pieza de mis abuelos, y ellos en realidad no se dedicaban mucho a la lectura, y si lo hubieran hecho, en la casa había más que suficiente material para leer varios días.
Tercera habitación(Leoplán y algo más)
Allí tenían su dormitorio mi tía y mi recién llegado tío, casamiento de por medio. Y con él también llegaron lecturas algo más culturales.
Leoplán, al principio cuando era más chica, me resultaba un poco densa y difícil de entender, pero después de un tiempo, esperaba con ansiedad llegar a la revista para compartir las aventuras del Inspector Maigret.
Y de la revista Selecciones los temas que más me interesaban eran "Mi personaje inolvidable", "Así es la vida", las páginas que hablaban de astronomía, descubrimientos científicos y los chistes de pie de página. No me atraía la historia y menos que menos las anécdotas de guerra, actuales o antiguas.
Pero de pronto algo pasó: junto a las otras revistas apareció una con un formato totalmente distinto: se llamaba Misterix. Y fue ella la responsable que me empezara a sumergir en el mundo mágico de las historietas.
Y esa magia permitía que todos fuéramos iguales, tanto niñas como niños.
Bull Rocket, El Sargento Kirk, el mismísimo Misterix con su justiciera pila atómica, hacían deliciosas las templadas tardes de otoño, leyendo sentada bajo los antiguos rosales de mi abuela. Había otros personajes incluidos en la revista pero estos tres eran mis favoritos.