encabezamiento_figuritas
Inicio Introducción Rec. barrio Rec.juegos Otros recuerdos Créditos inv mapa sitio mi mail
 
Norma y el monopatín, el triciclo y la bici inv
 



triciclo antiguo
 

triciclo antiguo



antiguos patines
Mis patines eran mucho mas viejos,
porque tenían un  agarre de metal. La correa de cuero adelante vino
después que esos agarres arrancaron muchas suelas de zapatos.





viejo paseo en bicicleta
No sé porque estábamos todos tan
serios, si estábamos disfrutando de un hermoso  paseo
 
paseo en familia
El paseo dominical en bici y en familia, es una sana costumbre que aún perdura


Sobre ruedas

A mediados del siglo pasado...¡La pucha, soy del siglo pasado!...Bueno, a mediados del siglo pasado parecía que las cosas estaban bastante mas organizadas que ahora, cada etapa de nuestra niñez estaba marcada por algún medio de autotransporte. Por eso voy a dividir este recuerdo en tres partes:

El triciclo

Estoy casi segura de que el triciclo es una de las pocas cosas que sobrevivieron al cambio de los tiempos. Cuando nos llegaba el tercer o cuarto cumpleaños, era de cajón que a alguno de los chicos de la cuadra le traerían los Reyes...¡Un triciclo! En mi caso, como buena descendiente de una familia italiana, el triciclo en cuestión, en el momento en que lo vi me pareció  gigantesco (por aquella importada costumbre de que las cosas,y los juguetes, tenían que durar). Era un hermoso artefacto color bordo, con gomas macizas en las ruedas, y un timbre en el manubrio. Tenía además en el eje trasero, una especie de apoyapies que permitía que  el que pedaleaba sudara la gota gorda y el que iba atrás, paseara.

Era tan grande que mis pies ni llegaban a tocar el piso (ni de casualidad a los pedales) y recuerdo que algunas tardes mi papá me subía al triciclo y me empujaba un par de veces desde casa hasta la esquina, para darme el gusto.

Pero como el tiempo lo soluciona todo, mis piernas (y el resto de mí) crecieron y pude por fin ser la dueña de la trayectoria del vehículo.

Esa primitiva máquina me acompañó a mi y a los chicos de la cuadra, unos que tenían la suya, y otros no, a aprender a reconocer casi sin mirar cada baldosa levantada, cada raíz de árbol que sobresalía. Y la maravilla de poder ir a placer hacia adelante o hacia atrás. Y poder cambiar de lugar, a veces ser el que pedaleaba, otras el que paseaba.

Fui acompañada por ese conjunto de ruedas hasta casi los nueve años. Ya a esa altura, habían casi dejado de existir las cubiertas de goma y la goma de los pedales también. Además ya era muy molesto golpearnos los muslos contra el manubrio. De ahí que, le iba llegando el turno a...

Los patines

Los patines eran un engendro difícil de describir. Estaban separadas la parte de adelante con la de atrás con una corredera que, por medio de un buloncito y una tuerca tipo mariposa. permitían adaptar los patines al largo del pie.

La parte de atrás tenía un tope metálico para que no se corra de los talones, con unas perforaciones que permitían el paso de una gruesa correa de cuero que terminaba en un extremo con una hebilla de seguridad, y se ataba por delante del tobillo.

La parte de adelante era otra historia. En la punta tenían como dos dobleces de metal, que por medio de una llave, se agarraban a los zapatos.  Ese sistema creo que fue bastante detestado por nuestros padres, porque al primer mal movimiento, esas uñas nos arrancaba las suelas de los zapatos sin la menor piedad. Eran rápidamente reemplazadas por otras correas de cuero o sencillamente por una tira de trapo que se encargaba de unir los patines a nuestro pies.

Y, como Dios manda, dos rueditas adelante, y dos rueditas atrás...¡Nada de ruedas en fila!

Después de treinta y seis caídas, religiosamente contadas por don Tito Curuchet, mi vecino, conseguí mantenerme erguida sobre los patines. Y cuando se me curaron las ampollas que, por persistir en el intento me habían salido en la planta de los pies, comenzó la verdadera aventura.

¡Que sensación de independencia nos daba poder correr sobre nuestros patines! Y escapar por un instante del permiso de mamá, yendo tal vez media cuadra más lejos de lo permitido... Y como en aquel tiempo estaba todo cronológicamente organizado, también otros chicos y chicas tenían su par, y era terriblemente placentero correr, chocarse y hasta pegarse un porrazo, entre risas y raspones.

Y seguimos jugando y andando sobre ellos, hasta que las rueditas, que eran simples rulemanes a bolillas quedaban chiquitas, chiquitas hasta que no dieron mas. Y allí le llegó el turno a ...

La bicicleta

 No me voy a poner a describir a una bicicleta, porque es otra cosa que logró mantenerse inconmovible ante el correr del tiempo y todo el mundo sabe como es.

Lo que más recuerdo es que el día que mi papá la trajo, me subí a ella...y con gran sorpresa de mi parte salí andando sin dificultad, debido al equilibrio logrado gracias a los patines.

Es tanto lo que podría contar de los paseos en bicicleta, (como no podía ser de otra manera con las chicas y chicos de la cuadra...¿No se pondrían de acuerdo nuestro papás?), tan alegres y dulces recuerdos, que sería esta página interminable.

Lo único que voy a resaltar es que ya estábamos entrando en la adolescencia, en un nuevo mundo de sensaciones y de temores, y al quedarnos chicas las calles del barrio, se empezaba a abrir sin darnos cuenta el panorama de la vida.

Es lamentable que el modo de vida de hoy, no permita a la mayoría de los adolescentes empezar a recorrer el mundo montados en una bici.

No tienen idea de lo que se pierden.

atras atrás   seguir juegos seguir


inv
Inicio Introducción Rec. barrio Rec.juegos Otros recuerdos Créditos inv mapa sitio mi mail