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Norma y sus mañanas de verano inv
 
flor de paraiso
La flor del paraíso que me indicaba la proximidad del verano(y las vacaciones)
 
pantalla de cartón antigua con propaganda
Pantalla con que se "refrescaban" los mayores. Punteando la imagen del pato con los ojos movibles, se verá la propaganda de la zapatería La Coqueta de Belgrano y su teléfono, U.T.70-1083, nos dice que es anterior a 1946
 
mariposa lechera
Antaño las "lecheritas" abundaban


Verano en Ortúzar: la mañana

Y un día, cuando partía para la escuela por la mañana, durante mi primer año de asistencia, al salir a la puerta de mi casa me encontré de golpe y con sorpresa con una alfombra no muy tupida de florecillas lilas.

Nunca había visto antes ese espectáculo, porque cuando los chicos éramos más pequeños, y no íbamos al colegio, dormíamos un rato más, y en ese rato las mamás barrían diligentemente la vereda, con tanta prolijidad que no quedaba ni un rastro de las flores del paraíso, ya que de ellas estamos hablando. También percibí en el aire un aroma extraño, agradable y dulzón.

Fue a partir de ese episodio, y en los años que siguieron, reconocía en eso que el verano se acercaba.

Creo que realmente estamos enfrentando un cambio climático. Recuerdo que cuando era invierno teníamos que cruzar los charcos de la esquina con cuidado, porque estaban congelados, y el resbalón podía ser muy desagradable. Y en el verano sentíamos en nuestra piel al abrasador calor del sol de la tarde.  Ya no vienen los inviernos como antes.

Pero estamos recordando el verano...

Lo mejor para los chicos que íbamos al colegio de mañana, era no tener que levantarnos tan temprano, y por supuesto no hacer deberes, siempre y cuando no hubiéramos estados "flojos" durante el año escolar, porque si no la tortura de tener que "repasar" era inevitable.

No había ventiladores ni acondicionadores ni heladera eléctrica. sabíamos que existían los ventiladores de techo por el gigantesco que colgaba del techo de la panadería, pero para la gente de esa parte del barrio "ventilarse" era abrir las puertas y aprovechar el aire fresco del atardecer.

En cuanto a la heladera, no faltaba en ninguna casa la clásica de madera por fuera y chapa por dentro, con una tapa arriba donde se ponía un trozo de 20 centavos de una barra de hielo, que alguien traía puntual y diligentemente a las puertas de las casas, y que las vecinas envolvían en papel de diarios "para que dure mas". Debajo la heladera tenía una bandeja también de chapa para recoger el agua del hielo que se iba derritiendo.

Eso si, los varones, siempre privilegiados, arrancaban por las mañanas algunas ramas del árbol de mi vereda (que todavía está) y se dedicaban alegremente a masacrar una multitud de mariposas en el terreno del ferrocarril que había enfrente, y que era bastante grande antes que cambiaran la electrificación aérea por el tercer riel.

Nunca pude entender dónde encontraban el placer de amontonarlas en un frasco de vidrio. Tal vez estaban evitando la proliferación de gusanos. Sabrían intuitivamente más ecología que yo.

Para las niñas, no había forma de zafar de la siesta de después de almorzar, mientras los pequeños delincuentes juveniles seguían masacrando mariposas.


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