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Norma y sus tardes de verano inv
 
jugando con la soga
Por la tarde varios juegos acaparaban
la atención de las niñas.
jugando a las rondas
 
antiguos vendedores
Vendedores de los helados Laponia,
muy esperados por los pequeños


Verano en Ortúzar: la tarde y la noche

Al atardecer, luego de la masiva eliminación de esos insectos, mientras las chicas jugábamos a "la farolera, las estatuas, el fideo fino (responsable de unos cuantos porrazos), Martín Pescador y Mambrú se fue a la guerra" , los varones seguían consumiendo energías jugando al fútbol en la "rinconada" de la calle Stephenson y el ferrocarril.

Es fácil entender porqué, en ese entonces, casi no existían niños con problemas de obesidad.

Pero a la noche...todo era distinto. Después de cenar, salían los vecinos y vecinas a la puerta, a aprovechar al máximo la frescura de la noche...y de paso, compartir una cervecita los hombres y los últimos chismes las mujeres.

Y en el terreno de enfrente se producía un pequeño milagro: empezaban a surgir del piso una multitud de titilantes lucecitas, que partían hacia todos lados quien sabe con que destino. Era tan bello el resplandor de esas luciérnagas, que se habían prohibido terminantemente los "ramazos" para cazarlas. Aunque nunca faltaba algún desobediente.

Ya a última hora aparecían los proveedores mas esperados. Los heladeros, en sus triciclos blancos si eran de la marca Kadara o Laponia y rojos si eran de Noel.

Y por influencia del milagro de las luciérnagas, cada tanto nos compraban un helado "palito" Un delicioso prisma de un inolvidable chocolate, sostenido por una cucharita de madera.

Y así pasaron algunos años. Y una mañana, cuando me encontré con la alfombra lila, y tenía trece años, el perfume no solamente invadió mi nariz, sino también todo mi cuerpo.

Y sentí algo que nunca había sentido: nostalgia por algo que se iba, y alegría por algo que empezaba. Claro, como nosotros no sabíamos que empezábamos a ser adolescentes, esas sensaciones nos parecieron muy inquietantes y raras.

Sin darnos cuenta, le estábamos diciendo adiós a la niñez y dándole la bienvenida a la adolescencia.


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