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maquina escribir underwood

Quien trabajó en una oficina y no se halló con una Underwood como esta!!


curso

Curso de mecanografía. Los de las academias Pitman eran muy conocidos.


pelota pulpo
La "Pulpo" protagonista de momentos inolvidables de nuestra niñez
imagen de la web
www.mivillaortuzar.com.ar
 
calle fraga
La calle Plaza entre Fraga y Triunvirato. era el centro de mis "actividades deportivas".


La máquina de escribir

Underwood, Remington, Olivetti, Royal , Smith Corona, son marcas de  algo prácticamente desconocido para los jóvenes de hoy.  La máquina de escribir….

Dactilografía era una materia de la carrera de Perito Mercantil que enseñaba a escribir al tacto,  ya que escribir rápido  y sin errores en una máquina, era un requisito importante para obtener  empleo en una oficina. 

Los jóvenes de entonces también  podían aprender  o perfeccionar dactilografía, en escuelas nocturnas o en academias, siendo la más conocida de éstas la Pitman, que tenía sus máquinas para escribir con las teclas negras, sin indicación de la letra a tipear.

Todos los que lidiamos alguna vez con las máquinas de escribir, conocimos  cómo nos quedaban las manos al cambiar una cinta copiativa, o los problemas que nos traía un error de tipografía: poner un papel atrás del carbónico y luego borrar, con cuidado, el original con goma para tinta y el duplicado con goma para lápiz. Hacerlo torpemente podría dejar una marca en el papel  y tener que rehacer el trabajo.

Lógicamente la computadora, la impresora (una máquina de escribir electrónica) y los procesadores de texto,  con sus múltiples posibilidades,  hicieron que las máquinas de escribir, como las conocimos, desaparecieran de las oficinas, pasando a ser objetos de colección.


La Pulpo

Días pasados, “curioseando”, en Internet encontré un comentario sobre la vieja pelota de goma “Pulpo”.  Allí se afirmaba que no picaba bien y se pinchaban pronto (tal vez pensaba que por veinte "guitas" le iban a dar una Jabulani).

Y me dio mucha pena por la persona que hizo el comentario, ya que si es eso lo único que puede decir de la Pulpo, debe haber olvidado el goce que nos daba, cuando niños, jugar con ella.

Y para intentar reivindicar el recuerdo de esa pelota decidí dejar aquí una mención nostálgica  de ella.

Gloriosa sucesora de la pelota de trapo, la “Pulpo” era objeto de nuestra adoración. Comíamos con ella a la vista, cuando no jugábamos en la calle lo hacíamos en el patio y, a veces, podía estar  al lado de nuestra almohada cuando nos soñábamos convirtiendo un gol en el partido del día siguiente.

Nuestra cancha era la  calle Plaza, poco transitada,  entre Triunvirato y Fraga.   Si bien los partidos más importantes se hacían los sábados por tarde o en la mañana del domingo (después  se iba a la cancha), en cualquier momento del día  se podían ver a purretes corriendo, con la alegría pura de la niñez, sin ataduras ni sistemas,  atrás de la pelota, aprendiendo  a colocarla pateando de “guadaña” , pisarla,  gambetear  o utilizar el cordón de la vereda  para hacer una pared y  burlar al adversario.  

Y la calle se poblaba de risas y gritos de los jugadores. “largala morfón”, “faul”, “rajemos, el autito”, “andá a pedirla vos que la colgaste”,  “esperá que falta un gol, vieja”, “a seis cambiamos de arco”, “dejá que lo pateo yo”, “vos andá al arco”, “pará, que se me piantó la zapatilla”, eran expresiones corrientes de esos momentos.

Con el tiempo, imprevistamente, la Pulpo se humedecía con un líquido acre que salía de un agujerito y perdía rebote  hasta quedar completamente flácida.  Era el momento de comenzar la colecta para juntar los veinte centavos para comprar otra.

Muchos de los hermosos e  irrepetibles momentos de nuestra infancia están asociados a la Pulpo, de rayas rojas (o celestes) y blancas. La emoción de un gol o el momento de correr con “la de goma” en la mano, para evitar que se la llevara la “cana”,  son momentos que seguramente han quedado grabados en aquellos que, no obstante el tiempo transcurrido, seguimos añorando una niñez feliz.


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